Geraint Thomas, el triunfo de un método

Antes del año 2012, ningún británico, ni ningún campeón olímpico de ciclismo en pista, había conseguido ganar el Tour de Francia. Fue entonces cuando lo consiguió el icónico Bradley Wiggins, el ‘mod’ de los velódromos, el deportista británico con más medallas olímpicas de la historia, que inició una era británica y del equipo Team Sky que este domingo conseguía el sexto triunfo en las siete últimas ediciones de la carrera ciclista más importante del mundo. Esta vez, después del mismo Wiggins y el cuatro veces campeón Chris Froome, subía a lo alto del podio de los Campos Elíseos un tercer corredor: Geraint Thomas.

Thomas, de 32 años, conoce bien tanto Wiggins, con quien compartió el primero de los dos oros olímpicos que el galés ha conseguido en la modalidad de persecución por equipos (Pekín 2008 y Londres 2012), como Froome, con quien lleva 10 años compartiendo equipo. Lejos de ser el escalador larguirucho que es el anterior campeón (y que este año ha terminado tercero), el nuevo jersey amarillo se acerca más al perfil de Wiggins, por trayectoria y forma de correr: sin un gran cambio de ritmo, sólido en los puertos protegido por un gran equipo y dominante en las contrarrelojes.

De hecho, era el mismo vencedor del Tour 2012 que, a inicios de la temporada 2015, hablaba de Geraint Thomas como de un corredor “víctima de su propio talento”. “Puede hacerlo todo: puede estar a punto de ganar la París-Niza, preparar un sprint, ganar una clásica belga y luego ir a una concentración en altura para hacer el Tour trabajando para Froome en las montañas. Llega un punto en el que tienes que especializarse “, decía un Wiggins ya a punto de retirarse del ciclismo de carretera.

Y así lo empezó a hacer Thomas, probablemente el corredor que más bien representa el proyecto de formación que British Cycling puso en marcha hace una década y que ahora ha cambiado para siempre el ciclismo profesional. Más que la genialidad de Wiggins, un corredor al que se fabricó para pasar de leyenda de la pista en la carretera cuando ya estaba consolidado, y que tan rápido como alcanzó su éxito fulgurante se quemó, la figura de Thomas es la del trabajador, un corredor más hecho en la carretera que el londinense (ya ganó la París-Roubaix junior en 2004) que se ha ido perfilando a la sombra de los éxitos de sus compañeros.

Se dice que Dave Brailsford y Rod Ellingworth, los cerebros del programa de desarrollo del ciclismo británico de los últimos años, ya confiaban en la progresión de Thomas en grandes vueltas antes de fundar el equipo Team Sky. En declaraciones en 2012 el definían como “el mejor corredor para grandes vueltas que tenemos”, aunque el galés, un gran rodador, iba consiguiendo sus mejores resultados en las tradicionales pruebas de un día del calendario primaveral europeo, llegando a ganar el prestigioso GP E3 de Harelbeke de 2015.

Ese mismo año, cuando ya terminó en un notable 15º puesto en la general del Tour y Wiggins apelar a su desorientación, Thomas acaba la temporada haciendo unas declaraciones al diario ‘The Guardian’ en la que se muestra “capaz de aspirar a ganar un Tour, si me centro en esto “. Se va a vivir a Mónaco, cerca de Froome y su entonces compañero de equipo Richie Porte, y se concentra definitivamente en su mejora en la escalada, con resultados inmediatos: gana la París-Niza de 2016.

Thomas había topado con la mala suerte cuando Team Sky le había dado oportunidades en grandes escenarios: debía ser líder de equipo en el Giro de Italia 2017 tras ganar el Giro del Trentino, pero acaba abandonando por una caída en la que topa con una moto de carrera. Un año después, preparando el Tour a conciencia y sabiendo que podía ser la referencia del equipo si el caso del salbutamol de Froome acababa en sanción, ha acabado superando la jerarquía prácticamente sin querer, demostrando el triunfo de un método que parece que no para de reinar nunca.

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